sábado, 27 de octubre de 2012

La leyenda de La sala de los Abencerrajes

La matanza de los Abencerrajes (1870) Fortuny

 El nombre de Abencerrajes proviene del apellido de una familia de la nobleza de la época, que tenían sus viviendas en el interior de la Alhambra. Dice la leyenda que esta familia tenía como rival político a otra llamada Zenetes, los cuales decidieron acabar con sus oponentes mediante una conspiración... Así, inventaron una relación amorosa entre la sultana y uno de los Abencerrajes, para conseguir despertar los celos y la ira en el sultán... El sultán, cegado por la consternación, y en ocasión de una fiesta en la sala que lleva el nombre de la familia, hizo decapitar sobre su fuente a los 37 caballeros que llevaban el nombre de Abencerrajes.

Grabado coloreado del siglo XIX

Se cuenta que el color rojizo que aun hoy día se puede contemplar en la taza de la fuente, y en el canal que lleva su agua hasta la fuente del Patio de los Leones, se debe a las manchas de la sangre de los caballeros asesinados.

2 comentarios:

  1. ROMANCE DE LA PÉRDIDA DE ALHAMA

    Paseábase el rey moro — por la ciudad de Granada
    desde la puerta de Elvira — hasta la de Vivarrambla.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Cartas le fueron venidas — que Alhama era ganada.
    Las cartas echó en el fuego — y al mensajero matara,
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Descabalga de una mula, — y en un caballo cabalga;
    por el Zacatín arriba — subido se había al Alhambra.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Como en el Alhambra estuvo, — al mismo punto mandaba
    que se toquen sus trompetas, — sus añafiles de plata.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Y que las cajas de guerra — apriesa toquen el arma,
    porque lo oigan sus moros, — los de la vega y Granada.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Los moros que el son oyeron — que al sangriento Marte llama,
    uno a uno y dos a dos — juntado se ha gran batalla.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Allí fabló un moro viejo, — de esta manera fablara:
    —¿Para qué nos llamas, rey, — para qué es esta llamada?
    —¡Ay de mi Alhama!—

    —Habéis de saber, amigos, — una nueva desdichada:
    que cristianos de braveza — ya nos han ganado Alhama.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Allí fabló un alfaquí — de barba crecida y cana:
    —Bien se te emplea, buen rey, — buen rey, bien se te empleara.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Mataste los Bencerrajes, — que eran la flor de Granada,
    cogiste los tornadizos — de Córdoba la nombrada.
    —¡Ay de mi Alhama!—

    Por eso mereces, rey, — una pena muy doblada:
    que te pierdas tú y el reino, — y aquí se pierda Granada.
    —¡Ay de mi Alhama!—

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