viernes, 25 de enero de 2013

Granada grabado de 1850


El grabado representa una vista de la ciudad de Granada desde el Generalife, realizada en el año 1.850. En ella se puede apreciar claramente el núcleo urbano correspondiente a las edificaciones posteriores al siglo XV, que forman la ciudad moderna, frente al formado por la atalaya de la Alhambra, que representa la antigua ciudad de origen musulmán. El autor del grabado es Alfred Guesdon, litógrafo, viajero y arquitecto francés (Nantes, 1808-1876) que se especializó en realizar una serie de vistas aéreas de ciudades europeas a mediados del siglo XIX.


En el grabado destaca en primer término el recinto fortificado de la Alhambra, que era una ciudad amurallada que vivía con total independencia del resto y estaba claramente separada de las edificaciones urbanas, protegiéndose de sus enemigos gracias al cauce del río Darro y las escarpadas pendientes que llegaban hasta sus murallas. En la atalaya de la Alhambra, la Alcazaba del siglo XI fue la construcción más antigua. Su función era defensiva ya que protegía a todo el conjunto frente a los ataques enemigos. El resto de edificaciones conforma un suntuoso conjunto palatino que sirvió de residencia real a los monarcas musulmanes. Junto a la Alcazaba se observan las Torres Bermejas, parte de otra fortaleza que formó parte del amurallamiento defensivo de la ciudad musulmana. En la parte baja, se observa el Generalife (siglo XIII), conjunto de jardines ornamentales y huertos que rodeaban la villa de descanso de los reyes musulmanes y que, a pesar de su cercanía con la Alhambra, no tenía comunicación directa con ella. Ello exigía descender hasta el río Darro para iniciar de nuevo el ascenso hacia la fortaleza, probablemente utilizando el Puente del Cadí (siglo XI), que servía como paso sobre el río.


Al fondo está la Colegiata de los Santos Justo y Pastor (siglos XVI-XVII), otra iglesia que se edificó sobre una antigua mezquita y llegó a ser una de las iglesias más ricas de Granada, la Iglesia de San Jerónimo (siglo XVI), que acoge en su crucero la tumba del Gran Capitán y la de su esposa, Doña María de Manrique, y finalmente la Iglesia de San Juan de Dios (siglos XVII y XVIII), que ocupó parte del antiguo Monasterio de los Jerónimos.

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